Hace unos días se publicaba en ‘El País’ un artículo sobre la nueva normativa por la que los países de la Unión Europea pretenden acceder a ciertos datos sobre las comunicaciones entre los miembros ciudadanos. Esta ‘restricción’ a la privacidad no afecta al contenido de la comunicación (ya sea telefónica, por Internet,…) sino a los datos sobre el tráfico, es decir, a qué hora se produjo, cuánto duró o quiénes participaron y desde dónde.
En el mencionado artículo se comenta la posible utilidad de esta medida, así como sus enormes costes de aplicación. El autor se muestra ciertamente pesimista ante el éxito de la nueva normativa y ofrece varias técnicas (lógicas por otra parte) para evitar ser detectado.
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